lunes, 6 de abril de 2015

Sobre memoria y enseñanza

Artículo publicado hoy en lucenadigital.com:

Lejos quedó la época en la que los poetas se servían de las estrellas para recordar los versos. Sin disponibilidad de papel o cualquier otro tipo de soporte, la memoria era esencial para la preservación y transmisión del conocimiento. Hoy, todo está a un simple clic de distancia. La más variada e insospechable información está al alcance en Internet. Desde una receta de cocina hasta una teoría física, pasando por noticias, documentales, informes, obras literarias o pictóricas, galerías fotográficas… Tal es el fenómeno que, últimamente, he llegado a escuchar voces que abogan por relegar la memoria a un segundo plano, hasta el punto de poner en duda su necesidad. La necesidad —discúlpeseme la redundancia— de que los planes educativos abandonen un sistema de memorización en favor de una tendencia práctica, acorde con las exigencias de la vida diaria...

viernes, 3 de abril de 2015

Por la demanda pública

Artículo publicado hoy en surdecordoba.com:

No cabe duda de que la industria cinematográfica ha sufrido una revolución en los últimos tiempos. Revolución o evolución, según se mire. En cualquier caso, el cambio ha sido radical. El avance, se supone. Para bien o para mal, la manera de hacer películas, de verlas y la demanda del público son diferentes a las de hace quince o veinte años. El fin sigue siendo comercial, ojo, pero el espíritu se ha radicalizado, perdiendo humanidad. La digitalización ha invadido la producción, y de la ficción se ha pasado a la fantasía; de lo creíble se ha pasado a lo increíble; de lo probable o posible se ha pasado a la quimera, la fábula o la leyenda. El cine nos ofrece hoy paradigmas de realidades paralelas inalcanzables, poco escrupulosas con la dignidad de la lógica y la razón...

sábado, 21 de marzo de 2015

La conductora maciza

Lucena. Hacia el mediodía. Calle Juan Valera. La anterior, no la actual, cuando estábamos obligados a recurrir al tiempo a los tres ojos que integran la anatomía humana para atravesarla a fin de esquivar con cierta holgura el conjunto de peatones, cochecitos y vehículos mientras subíamos y bajábamos de la acera procurando no tropezar con el bordillo durante la ejecución. Ahora no. O no tanto. Lo de los ojos va a depender del sentido de la marcha, por ejemplo. Y, en cuanto al derivado del esquí, bueno, tendremos suerte, si no caemos dentro de uno de los maceteros llenos de colillas, o nos enredamos con las correas de los perros, cuyos amos, en aras de una cívica concienciación encauzada a la protección del patrimonio local, a ellos amarran.

El largo día

¿Por qué el día es tan largo?, te preguntas cada noche al ir a dormir. Coges la postura mientras te arrebujas bajo las sábanas, cierras los ojos, respiras profundamente un par de veces para relajarte y procuras dejar la mente en blanco, facilitando el trabajo bioquímico del cerebro, procurando que presione el interruptor cuanto antes y te mande lejos del mundo real.

sábado, 14 de marzo de 2015

Honestidad brutal

En las últimas semanas, caer, lo que se dice caer, algo ha caído de don Mariano José de Larra. Me refiero a que he leído alguno de sus artículos. No sólo porque es una manera de honrar su memoria en el aniversario de su fallecimiento (ya escribí por aquí hace un año sobre el tema), sino porque cada parado puede invertir su mes de febrero en lo que le dé la real gana. Máxime cuando se trata de uno de esos parados sin subvención, ayuda o prestación con la cual agradecer a Dios o a su Santa Madre, que en los cielos estarán rodeados de ángeles y demás alegre parafernalia divina, un trozo de pan duro para llevarse a la boca. Así pues, no estando obligado a rendir cuentas a Estado o Administración que valga de este miserable país, que llamamos España porque ya no podemos llamarlo Burundi o Congo, al estar cogidos, inútil hasta para configurar un mercado laboral capaz de integrar a los ciudadanos a cuya formación contribuye; si a mí, comentaba, por poner un ejemplo, consecuente con mi derecho a la improductividad nacional, me pluguiera o pluguiese dedicar algunas horas del día, durante varios días a la semana, y en semanas sucesivas, a leer artículos de Larra o de la señora madre que lo parió, fuera o no santa o señora, porque la pureza de su ascendencia se me da un ardite, por no escribir que me importa un carajo, en lugar de ciscarme o cagarme en la prosapia difunta o muerta, con independencia de su mayor o menor grado de frescura, de las decenas de hijos de la gran puta, protagonistas de las infinitas corruptelas hispanas, voto a bríos, nadie osaría recriminármelo, junto con mi intención publicadora de un artículo abordando el particular en un rinconcito al sur de Córdoba. Siempre, vaya, que Pepe[1], quien corta, pega y edita, con hábil, eficiente y magnánimo ojo supervisor —adjunto reverencia a vuecelencia, por si acaso—, conceda su visto bueno. Faltaría más.

En concierto

Soy un esteta. Lo reconozco. En su amplio significado. Aunque alejado de la grosera superficialidad. El arte es un valor esencial de la humanidad, o sea, pero la belleza de las cosas la encuentro en la armonía y el orden, en el equilibrio simétrico proporcionado por la coherencia de un método disciplinado. La organización como base de la perfección. O una aproximación a ella, al menos —la perfección es una entelequia, por suerte o por desgracia—. Procurar cumplir, centrándome en el hombre, aquel aforismo latino de mens sana in corpore sano.

El obstruccionista

A finales del pasado mes de septiembre fue noticia Ted Cruz, senador por Texas, republicano del núcleo duro del Tea Party. A las dos de la tarde se acercó a la tribuna de oradores calzando zapatillas deportivas y se dispuso a hablar mientras pudiera mantenerse en pie con el objetivo de retrasar la aprobación de la reforma sanitaria del Presidente Barack Obama, conocida como Obamacare. Era, pues, un obstruccionista.