Somos amigos desde hace treinta años, cuando éramos unos pipiolos graníticos e introvertidos que poco o nada comprendían del disperso mundo al que solían adherirse los jóvenes de nuestra generación. Extraños en aquella esfera de exacerbada excentricidad que fueron los años noventa, convergimos rápidamente, con un cruce de miradas, en la aturdidora labor de sintonizar la frecuencia exacta de las ondas emitidas por la adolescencia sobrante de hormonas y carente de vivencias. Aunque lo cierto es que a él jamás le preocupó frecuentar la interferencia, congeniar con aquellas longitudes de ondas hertzianas desprogramadas o neutralizadas; la sana confianza en su personalidad individualizada y efervescente, pomposa de magnitudes desprejuiciadas y definidas en las tendencias de su naturaleza emancipada de la corriente continua, contratada por el común de la masa aborregada; mientras que yo, encasillado en una interrogación constante, por aquellos tiempos de formas rollizas y torponas, como ancladas a la gravedad terrestre, mi único anhelo era superar la incertidumbre de la ignorancia memorizando información como medio para rebasar las tinieblas de la barbarie y hacer realidad, ingenuo de mí, las ilusiones concebidas por una optimista creencia. Ya en aquella década de los noventa, soslayada de la niñez, él engullía literatura con la ansiedad del pecado capital, zampando páginas que su metabolismo púber mimetizaba hasta que la saturación obstruyó el proceso para ir inflando su corpachón con el dulzor de la semántica. Por el contrario, hechizado por la literatura cuando los manuales docentes no supieron satisfacer por completo mi curiosidad visceral, los libros me consumieron con la inclemencia de una adicción insana.
martes, 15 de julio de 2025
Saga Bond: George Lazenby
La obsesión de Albert R. Broccoli y Harry Saltzman, por esa brutal y retorcida broma que, en ocasiones, gasta el destino, se convirtió, a la postre, en perdición, pues la intención de los productores nunca fue encontrar a un nuevo James Bond, sino encontrar a un nuevo Sean Connery; grande era la asociación del éxito de la saga con el actor escocés… Y ahí radicó la principal fatalidad del proyecto, en la falta de confianza en el propio producto.
martes, 1 de julio de 2025
Saga Bond: Pierce Brosnan (II)
Artículo publicado en Lucenadigital.com:
Ese punto y seguido para la humanidad que fue Internet orillaba la cotidianeidad social, humedeciendo los albores de un nuevo periodo histórico. Los satélites dominaban la circunnavegación espacial y la era de la información había revolucionado las transmisiones. Los medios de comunicación, como cuarto poder, se muscularon inflamando sus venas con una miríada de datos que transitaban entre paralelos y meridianos en milésimas de segundos. La mitad de los años noventa era para ellos el preludio de una fagocitación inminente de los tres poderes estatales…
"Estáis perdidos"
Artículo publicado en Surdecordoba.com:
Somos varios quienes esperamos la llegada del autobús en esta suave tarde de mayo en la capital de la provincia. No soy de los que cogen el coche o el transporte público para desplazarse por el interior del municipio, prefiero la movilidad a base de desgastar suelas. Pero mi destino está distante y, aunque el tiempo invita al agradable paseo, tampoco es cuestión de dedicarle horas extras al gimnasio. Un puñado de personas, entonces, aguardamos en la parada del número correspondiente con mayor o menor nivel de paciencia. Consulto la pantalla informativa sobre la estimación del paso, y al mío todavía le quedan doce minutos...
viernes, 13 de junio de 2025
Saga Bond: Sean Connery (V)
Que la serie de animación Los Simpson adapte la principal escena de acción en uno de sus episodios revela (quizá) la especial trascendencia del quinto largometraje de la saga, protagonizado, a base de reuntar la mano con manteca verde, por Sean Connery, quien estaba hasta la coronilla clareada del personaje, hartazgo que hacía público sin dolerle prenda alguna. En cuestión de cinco años, su físico (reconozco que puede ser una impresión muy personal) había experimentado una metamorfosis kafkiana, y el 007 que había desafiado al Doctor No se antojaba una figura pleistocénica, en comparación; no simplemente pretérita, sino pretérita pluscuamperfecta, práctica autoinfligida de deglución.
Pura maldad
Entre las mojigaterías que condicionan al ser humano está esa grotesca tendencia modernilla a esmerilar la naturaleza misma de la especie, educando a los peques en una suerte de arcadia feliz, mundo idílico en el que los pastorcillos recorren las verdes y floridas praderas del planeta dando saltitos bajo un cielo azul chisporroteado de nubes algodonadas en compañía de su fiel perrete y un rebaño de ovejitas siempre obedientes a las recomendaciones de su guía (no se concibe ni mandato ni amo, pues la ovejitas son libres seres vivos que gozan de derechos fundamentales, según carta otorgada por las Naciones Unidas), mientras canturrean, tararean o silban alegres tonadillas compuestas para el gremio (¡cantinelas bucólicas!), una vez que han abonado los oportunos cánones por el uso de la propiedad intelectual, faltaría más.
martes, 3 de junio de 2025
Saga Bond: Pierce Brosnan (I)
Artículo publicado en Lucenadigital.com:
Arrastré (juro lo preciso del verbo) a mi buen amigo el poeta Manuel Guerrero hasta el mítico cine local Palacio Erisana para ver mi primer estreno en pantalla grande de una película de 007. Aquel adolescente de quince años se agitaba enfebrecido no por el ardor hormonal, sino, entendido como excepción a ese estado natural, por el ansia de la novedad cinematográfica, magnificada por la coyuntura del gigantismo de la proyección. Se había estrenado la última aventura de James Bond cuando todavía tenía nueve años, edad insuficiente para disfrutar de la experiencia. Pero, en aquellas inciertas fechas de 1995 o 1996 (irrumpió en España durante los albores de las Navidades de 1995, y quizá llegaría a la ciudad con retraso), el cartelón a las puertas del Palacio era una tentación fascinadora a la que me subyugaría cualquiera que fuera o fuese el precio...