La
Asociación Cultural Naufragio cumple diez años. No es moco de pavo, el
aniversario. Vincularse a la Cultura (perdón por la mayúscula) en España, y
hacerlo de manera asociativa durante una década, es gesta digna de laureles. Porque,
este criadero de pancistas, tecleaba, es España, donde la Cultura (perdón por
la mayúscula, otra vez) está mal vista. O no está reconocida. O no se le otorga
el mérito que debiera. O esa visión, ese reconocimiento, ese mérito son
inversamente proporcionales al coste del acceso. Quiero decir que, al español,
cuanto menos le valga, más Cultura (ídem, a lo de la mayúscula) consumirá. Y si
el consumo es gratuito, se convierte en el adicto a la Cultura (ya no me
volveré a disculpar, por lo de la mayúscula, o sea) más enganchando del
planeta. Ahora bien, trátese de cerveza o fútbol… Oiga, lo que cueste… A los
datos me remito: un bar por cada ciento setenta y cinco españoles. Ni en todo
Estados Unidos la cifra se asemeja. De ahí el valor de colectivos como Naufragio.
domingo, 22 de octubre de 2017
jueves, 5 de octubre de 2017
La vida es fútbol
Artículo publicado en Lucenadigital.com:
No me empacho con el consumo de televisión. Para el formato en abierto, apenas saboreo un ridículo entremés. Ninguno de los múltiples canales de la TDT me ofrece una programación que me satisfaga o entretenga. No sé, quizá sea demasiado exigente o demasiado soso, un aburrido definitivo...
domingo, 1 de octubre de 2017
Candidata
Artículo publicado hoy en Surdecordoba.com:
La historia es de sobra conocida y se puede consultar con rapidez: el país que lo desea presenta su película candidata para optar al Óscar en la categoría de Mejor Película de Habla No Inglesa, y a la Academia hollywoodense corresponde decidir sobre su nominación. Hasta 1986 el Ministerio de Cultura fue el encargado de designar la película que representaría a España. Después, la tarea quedó en manos de la Academia española de cine, que, en 2001, introdujo un sistema de doble vuelta o de dos rondas: en una primera se escogerían tres finalistas, de entre las cuales, en una segunda, saldría la seleccionada...
sábado, 16 de septiembre de 2017
El puzle de una vida
La tinta de la
vida fluía por sus venas.
José M. Moreno
Millán, «Piel de papel», El puzle
El escritor, cual sabueso
olisqueando un rastro, puede perseguir la inspiración hasta hallarla al fondo
del rincón oscuro de ese callejón sin escapatoria de las películas policíacas.
El escritor, cual Mycroft Holmes, puede aguardar, sentado en un sillón junto a
la confortable chimenea de su Club Diógenes particular, esa inspiración que
distraiga sus ansias intelectuales. El escritor, cual Hercule Poirot (belga, no
francés) puede, a través de un sosegado proceso de reflexión, ordenar todos los
vestigios, detalles en ocasiones insignificantes para el común de los mortales,
transfiriendo a su privilegiada imaginación el protagonismo de resolver el acertijo
de la página en blanco. El escritor puede investigar, e insuflar a ese
maremágnum de anotaciones el genesíaco soplo literario. El escritor puede, en
fin, excarcelar, sin condición alguna, una imaginación atareada en adueñarse de
toda realidad… Pero el escritor también puede servirse de sus vivencias y
experiencias personales (que para eso son suyas, y están a su disposición) y
pasarlas por el filtro de la literatura, saciando así su vocación narrativa,
para regalarnos, de paso, magníficas historias.
Las treinta y una noches
Para
algunos la vida es sólo una excusa para la lírica. Para componer versos en
rimas infinitas de apacible existencia. Para Luis Ángel Ruiz, cerrateño de
cincuenta y nueve años, la vida es eso: la premisa básica para la poesía. No
entendida como conditio sine qua non,
sino como el peaje necesario, el precio que gustoso paga para cultivar la
composición poética. Por ello, reside en Lucena, trabaja en Cabra y termina de
saciar sus ansias culturales en Priego, porque el lugar no importa; en el
fondo, queda reducido al espacio donde la métrica y la rima, donde el verso se
hace poesía.
viernes, 1 de septiembre de 2017
El hablar y el hablador
Artículo publicado hoy en Surdecordoba.com:
Durante mi amplia etapa como discente —no cerrada aún, acoto—, conocí a un importante número de maestros y profesores. Aquella miríada abarcaba, como es natural, a lo mejor y lo peor del gremio: desde profesionales como la copa de un pino, vocacionales, entregados y valientes, de intachable magisterio y admirables cualidades; hasta sinvergüenzas redomados, cabrones sin escrúpulos ni ética, aferrados a un sistema proteccionista y a un asiento concedido a dedo; pasando por los clásicos funcionarios sin otro quehacer, los sustitutos con ganas de destacar o los contratados eventuales, apadrinados o no, en busca del a ver qué tal o de unas perras mensuales extras (lo cual es legítimo, verá usted)...
Los gilipollas
Artículo publicado hoy en Lucenadigital.com:
Han sido muchos los articulistas que, con mayor o menor éxito, han tratado de estudiar con carácter sumario el vocablo «tonto», sea en grados de tontuna, sea en clases o categorías de tontos. Por ejemplificar, Juan Manuel de Prada ha recurrido en varias ocasiones a su admirado Leonardo Castellani, quien atendió al porción de conciencia que tenían sobre su cortedad de ingenio: «1) Tonto a secas; esto es, ignorante. 2) Simple; esto es, tonto que se sabe tonto. 3) Necio; esto es, tonto que no se sabe tonto. 4) Fatuo; esto es, tonto que no se sabe tonto y además quiere hacerse el listo. 5) Insensato; esto es, tonto que no se sabe tonto y encima quiere gobernar a otros»...
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