viernes, 30 de abril de 2021

La Luisiana española (IV)

 Artículo publicado en Surdecordoba.com:

Antonio de Ulloa fue una de las mentes más preclaras de su tiempo. Un ilustrado de diccionario, forjado en la Armada, a mayor gloria de las ciencias, y descubridor del platino. Nació en Sevilla en 1716 y, con apenas trece años, zarpó hacia América, por donde anduvo tres...

La Luisiana española (IV)

sábado, 10 de abril de 2021

Hipocresías coronavíricas

Qué fácil es ser solidario, cuando se tienen colmadas las necesidades, cuando se dispone de todo y en ingentes cantidades. Que fácil es proponer, solicitar o animar, cuando no se carece de nada, ni nada se arriesga en el intento.

Economía coronavírica

Que el parón productivo, parcial y sectorizado, de dos semanas, luego ampliado a casi la totalidad de los sectores y ocho días laborables, genere catastróficas e impredecibles consecuencias económicas, las cuales se prolongarán, a modo de secular y conocida crisis, a lo largo de varios años, dice mucho de lo nefasto de nuestro sistema económico y muy poco de su fiabilidad y seguridad.

jueves, 1 de abril de 2021

La Luisiana española (III)

 Artículo publicado en Surdecordoba.com:

Vive Dios que, durante el siglo XVI, España parió hombres con dos pelotas como dos planetas. Desde Gonzalo Fernández de Córdoba hasta los Tercios, desde Vasco Núñez de Balboa hasta el Galeón de Manila. Juan Sebastián Elcano, Sancho Dávila, Cristóbal de Mondragón, Francisco de Orellana, Miguel López de Legazpi, Andrés de Urdaneta, Álvaro de Bazán

La Luisiana española (III)

Sobre Pachelbel y Ortega

 Artículo publicado en Lucenadigital.com:

Reconozco que la primera vez que escuché la obra fue cuando vi la película Volver a empezar (1982), a la que José Luis Garci incorporó como parte de su banda sonora, y todavía me sigue estremeciendo con idéntica intensidad, pese al paso de los años y de las vicisitudes. O, precisamente, por el paso de unos y otras...

Sobre Pachelbel y Ortega

sábado, 6 de marzo de 2021

A mitad del camino

 «A mitad del camino de la vida, / en una selva oscura me encontraba / porque mi ruta había extraviado». Cuando escribo estas líneas, acabo de cumplir cuarenta años y, si todo transcurre naturalmente, parafraseando al poeta italiano, transito por la mitad del camino de mi vida, perdido entre la frondosidad de una selva oscura, huérfano, todavía, de la guía de un Virgilio que me reoriente hacia aquella ruta que una vez extravié, si es que existió aquella ruta.

El estilo rococó

 Me dice mi hermano —de cuyos ascendientes prefiero no acordarme, básicamente, porque son los míos—, con un punto de mordaz guasa deslizándosele por el paladar, que mi estilo literario o narrativo es rococó, por lo enrevesado de su morfosintaxis, con frases asfixiantes, acribilladas por sucesivas subordinadas que se entretejen en un laberinto sobrecogedor, y lo recargado de su semántica, con vocablos impronunciables e imaginarios, en una afectiva disposición a procrastinar la comprensión de los textos. Y claro, tan indigesta e irritante estética —rumia con fraterno descoyunto— repele a los lectores, como mi feo careto repele una bella mujer (la metáfora es cosecha propia); de manera que —vaticina, reseco y picante— la probabilidad de mi éxito literario, al persistir con el ruinoso estilo, deviene, y necesariamente devendrá, escasa, como mi probabilidad de ligar con una miss, una actriz hollywoodense u otra mujer sin déficit visual severo (la metáfora sigue siendo mía).