Entre las mojigaterías que condicionan al ser humano está esa grotesca tendencia modernilla a esmerilar la naturaleza misma de la especie, educando a los peques en una suerte de arcadia feliz, mundo idílico en el que los pastorcillos recorren las verdes y floridas praderas del planeta dando saltitos bajo un cielo azul chisporroteado de nubes algodonadas en compañía de su fiel perrete y un rebaño de ovejitas siempre obedientes a las recomendaciones de su guía (no se concibe ni mandato ni amo, pues la ovejitas son libres seres vivos que gozan de derechos fundamentales, según carta otorgada por las Naciones Unidas), mientras canturrean, tararean o silban alegres tonadillas compuestas para el gremio (¡cantinelas bucólicas!), una vez que han abonado los oportunos cánones por el uso de la propiedad intelectual, faltaría más.
viernes, 13 de junio de 2025
martes, 3 de junio de 2025
Saga Bond: Pierce Brosnan (I)
Artículo publicado en Lucenadigital.com:
Arrastré (juro lo preciso del verbo) a mi buen amigo el poeta Manuel Guerrero hasta el mítico cine local Palacio Erisana para ver mi primer estreno en pantalla grande de una película de 007. Aquel adolescente de quince años se agitaba enfebrecido no por el ardor hormonal, sino, entendido como excepción a ese estado natural, por el ansia de la novedad cinematográfica, magnificada por la coyuntura del gigantismo de la proyección. Se había estrenado la última aventura de James Bond cuando todavía tenía nueve años, edad insuficiente para disfrutar de la experiencia. Pero, en aquellas inciertas fechas de 1995 o 1996 (irrumpió en España durante los albores de las Navidades de 1995, y quizá llegaría a la ciudad con retraso), el cartelón a las puertas del Palacio era una tentación fascinadora a la que me subyugaría cualquiera que fuera o fuese el precio...
domingo, 1 de junio de 2025
Una tilde para un nombre
Artículo publicado en Surdecordoba.com:
Así están las cosas. Hasta puede que usted, lector hispanohablante que sea de aquéllos que gustan de sestear al cobijo de la abyecta sombra de la masa aborregada por la ordinaria rusticidad de las modas, haya recurrido o, de hecho, recurra naturalmente al depravado uso. Hemos alcanzado el grotesco periodo histórico de la lingüística en el que ya no existe el nombre José. Ahora lo que se lleva es allanarlo, ametrallando la tilde hasta volatilizarla, como en las películas de gánsteres, cuando vacían el cargador de su Thompson. Ahora es Jose, que queda como más chachi, más guay, más urbanita, más chic...
domingo, 18 de mayo de 2025
Dos hermanos
A propósito de ese retorno a la pequeña pantalla de la serie Frasier, en una nueva edición para 2023, que tan ansiosamente algunos esperábamos para caer sometidos, después, por el golpe cruel de la realidad, como el extraviado entre las infinitas dunas del desierto espera alcanzar pronto el paradisíaco oasis para descubrir que aquel idílico espacio en medio del fulgor ocre de la arena no es sino una pérfida jugarreta de su imaginación marchitada por la sed; a propósito, entonces, he devorado con animosa nostalgia las once temporadas originales de la serie, emitidas entre 1993 y 2004, ascendida a los altares por la crítica y el público y acribillada de premios, disfrutando como un gatete con su ovillo de lana.
Saga Bond: Sean Connery (IV)
Por qué la película más taquillera del periodo Connery, ganadora del Óscar a los Mejores Efectos Visuales (confesado el relativo valor que concedo a este tipo de reconocimientos), es para mí la más narcotizante e infumable de su singladura se podría argumentar, gracias a la fuerza expansiva y revitalizante de las palabras, por la desidia que el actor comenzaba a mostrar hacia el personaje que minaba su ánimo como los días minaban la frondosidad de su tejado craneal, el cual comenzaba a manifestarse fofo y desangelado, como acongojado o aplastado por las inmarcesibles desesperanzas arrastradas por el tiempo. Habían transcurrido sólo tres años desde la primera entrega y se presentaba a un Connery condensado por los turbios designios de la madurez. Aquel 007 que, derrochante de lozanía, deslizante de impureza, se había enfrentado al Doctor No, se descubría mortal, sincrónico, como cualquiera de sus congéneres. Aunque, justo es reconocerlo, Sean Connery conservaba y conservó, cualidad imperecedera, ese porte, esa presencia arrebatadora en pantalla cuya derrota ni siquiera se encontraba al alcance de las devastadoras competencias atribuidas a los años.
miércoles, 30 de abril de 2025
Mosqueteros de 1948
Artículo publicado en Surdecordoba.com:
Todavía andamos esperando, al menos éste que suscribe, una buena adaptación cinematográfica de la monumental obra de Alexandre Dumas. Aunque no fatiga un liviano ejercicio reflexivo para adoptar la cuestión de si de veras resulta necesaria. Considero que no. Los tres mosqueteros es una novela universal y clásica, sin duda, prodigiosa por sí misma, que funciona en su plenitud a través del medio en el cual se concibió. Dicho o tecleado de otro modo, la única forma de disfrutar de Los tres mosqueteros sin ambages ni mesuras es leyéndola...
Saga Bond: Timothy Dalton (y II)
Artículo publicado en Lucenadigital.com:
Consecuencia de emprender, en 1988, la producción cinematográfica número dieciséis de una colección de catorce libros es que no se disponga de un título sugerente; que, pese a tener la posibilidad de escoger entre veintiuno, ninguno de ellos resulte convincente en un cartel promocional. O su traducción, como ocurriría veinte años después con Quantum of Solace (Cuánto de consuelo, Cantidad de consuelo… Mejor dejarlo en inglés). Porque el detalle de la fidelidad a la historia original hace tiempo que quedó descartado, si es que alguna vez fue respetado. Quizá en las primeras entregas, con Ian Fleming todavía vivo. La saga se había vuelto por momentos selectiva, por momentos rapiñadora, al elaborar los guiones, y la traslación o adaptación fiel, en su medida, nunca había sido ni fue motivo de preocupación...