sábado, 14 de septiembre de 2024

Maleducados de la acera

  Entre la golfería humana que chafarrina, con su transitar tirado y cansino, la vía pública, como un pintor chafarrina las paredes de una casa tirando de gotelé, existe un reducto social infame, compuesto por los maleducados de la acera.

De gilipollas, ofendiditos y borregos

  Hace ya, no sé, quizá quince o veinte años que el tema de la corrección política comenzó a ganar bastante fuerza en la sociedad, debido a una multiplicación descontrolada del número de gilipollas en el mundo, como los conejos se multiplican por el campo cuando se prolonga o prorroga la veda de caza o se produce un descenso de las especies depredadoras. Y no es que los gilipollas, angelitos míos, tengan culpa de nada, pues carecen de las facultades intelectivas necesarias para procesar adecuadamente cualquier empeño lógico, o las tienen demasiado mermadas como para poder desarrollar la capacidad. La culpa reside en quienes propagan el sistema para generar gilipollas en el mundo, como el empresario que digitaliza la cadena de producción para incrementar la productividad en detrimento de la contratación de trabajadores, quienes no podrán ganarse el jornal en la empresa.

jueves, 5 de septiembre de 2024

Saga Bond: Roger Moore (I)

 Artículo publicado en Lucenadigital.com:

Confesaron Broccoli y Saltzman, palabrita del Niñito Jesús, que Roger Moore siempre estuvo considerado en los primeros puestos (¡o en el primero, vive Dios!) de su lista de candidatos a Agente 007, James Bond, ya desde Agente 007 contra el Doctor No (1962), y luego para 007 al servicio secreto de su Majestad (1969). Sin embargo, en plena preproducción, año 1972, todavía les rondaba las cabezotas la desquiciada idea de americanizar al personaje, pensando en un imponente físico como Burt Reynolds. Fue el resto del equipo técnico el que mantuvo la apuesta por la naturaleza británica del actor, que impregnaría al personaje. Así que, a la tercera, con la agenda despejada, un Roger Moore de cuarenta y cinco años, porte muy aparente, aceptó el puesto vacante. Aunque, en esencia, no había sido la primera vez que había interpretado al agente del MI6 creado por Ian Fleming...

Saga Bond: Roger Moore (I)

sábado, 31 de agosto de 2024

Hablemos de política

 Artículo publicado en Surdecordoba.com:

«Hablemos de política», me suelta, directo, como alevoso, entrando en casa sin saludar siquiera, deslizándose por el hueco que ha quedado al abrir entre el marco de la puerta y yo. Llevábamos tiempo sin vernos, y había pensado en él durante los últimos días. Es domingo por la mañana, temprano, para un domingo; aunque la arquetípica estructura horaria universal nunca ha sido precepto cuyo rigor nos haya afectado en demasía. La luz de levante acaba de barrer de opacidad los rincones de la casa y un aire fresco circula de una sala a otra, comunicado a través de las ventanas. Se adentra, entonces, mi amigo Tito, como amparado por una patente de corso, apoderándose de mi sillón como un viejo lobo de mar se apodera del timón del barco enemigo...

Hablemos de política

jueves, 15 de agosto de 2024

Solo teclearé solo

  Y ahora a ver si hay huevos de determinar la intención narrativa del autor. Porque yo, como autor —más o menos— de las líneas, lo tengo bastante claro. En cambio, usted, lector con loables aspiraciones a la omnisciencia, se va a detener, siquiera unos breves segundos, a plantearse el tema. Y a replanteárselo, después. Ronda que te ronda, forzando los engranajes medio astillados del cerebro, medio resecos por el consumo de películas y series a través de las múltiples plataformas, medio torcidos por las memeces lanzadas por muchos (¿o quizá todos?) de los políticos a través de los medios de comunicación, medio oxidados por las barbaridades que circulan por las redes sociales; ronda que te ronda, entonces, imbatible lector, lo primero que se le podría ocurrir es que, encontrándose quien suscribe solito, sin compañía de otro ser en derredor, ante la pantalla fulgurante, las yemas de los dedos percibiendo los bordes de las teclas, se dispondrá a componer la palabra solo, a razón de cuatro golpes sobre el teclado. Aunque, bueno, la lógica, desengrasada ya de la ordinariez diaria, inicia un proceso de duda, pergeñando ramificaciones conclusivas. Pudiera ser no que el menda del tecleo estuviera en modo ermitaño, a la deriva entre la humanidad oceánica, sino que, sobrepasado en sus capacidades intelectuales, le diera a eso de la palabreja a teclear sin requerir ayuda o asistencia alguna, cual campeón de la semántica. Y sin embargo, esto se le antoja, lector precavido, peccata minuta, ramificación endeble, sacrificable, cuando la verdaderamente consolidada es aquella que brota urdida por la incógnita gramatical. Aquella que repara en la cualidad del vocablo como adjetivo o como adverbio. Si el dichoso autor de estas quebradizas líneas se dispone a plasmar la condición adjetival o la adverbial, si será el adjetivo solo o el adverbio solamente.

Vidas entretejidas

  José Manuel Moreno Millán, impenitente justiciero del arte, asiduo parroquiano de la tecla, atípico fagocito de la imprenta, fiel practicante del carboncillo, ofrece ahora al lector, ávido por circunnavegar las estrecheces de los callejones oscuros de las letras, apasionantes y peligrosos, atrayentes y arriesgados, un ejercicio de escenario literario ametrallado de personajes carentes de vocación protagonista, para quienes el aparente azar, la casualidad figurada insuflada por el aliento creativo, deviene en tejedor de vidas que se entrecruzan, golpeadas de dinamismo. Ofrece ahora Moreno Millán una propuesta salvajada de metafísica: la conexión intrínseca de la propia existencia humana. La certeza de una comunión personal en la realidad cotidiana. La inevitabilidad de la interrelación diaria. La demostración de que la presencia del ser no es sino la vinculación con el otro ser, un yo como proyectado en su esencia de especie; que la vida no es sino un mosaico entretejido por hilos invisibles que enlazan sus teselas en una suerte de mural expansivo, entelequia aristotélica de la presencia de la humanidad en el mundo.

jueves, 1 de agosto de 2024

Saga Bond: Sean Connery (y VI)

 Artículo publicado en Lucenadigital.com:

En concreto, un millón doscientos cincuenta mil dólares desembolsó United Artists a Sean Connery para que aceptara volver a interpretar al Agente 007 en Diamantes para la eternidad (1971), además de otorgarle facultades de decisión en la producción y el compromiso de posibilitarle dos películas más. El pastizal Connery, como un señor, lo donó a una institución educativa escocesa (ni necesitaba vivir de la actuación, pues había repuntado como empresario, ni tenía ambiciones económicas), las facultades decisorias las ejerció a su gusto, dando el visto bueno cuando lo consideró oportuno, y las dos películas se quedaron en una sola: La ofensa (Sidney Lumet, 1973), producto irregular que adaptó la obra teatral de John Hopkins...

Saga Bond: Sean Connery (y VI)