Qué fácil es ser solidario, cuando se tienen colmadas las necesidades, cuando se dispone de todo y en ingentes cantidades. Que fácil es proponer, solicitar o animar, cuando no se carece de nada, ni nada se arriesga en el intento...
miércoles, 1 de abril de 2020
Hipocresías coronavíricas
Artículo publicado en Lucenadigital.com:
Economía coronavírica
Artículo publicado en Surdecordoba.com:
Que el parón productivo, parcial y sectorizado, de dos semanas, luego ampliado a casi la totalidad de los sectores y ocho días laborables, genere catastróficas e impredecibles consecuencias económicas, las cuales se prolongarán, a modo de secular y conocida crisis, a lo largo de varios años, dice mucho de lo nefasto de nuestro sistema económico y muy poco de su fiabilidad y seguridad...
sábado, 14 de marzo de 2020
Un poco más fácil
Enciendes la radio cada mañana, o
la televisión, y el periodista de turno da paso al político de permanencia,
quien siempre habla de la crisis en pretérito, si te apuran, en pretérito
pluscuamperfecto. Sí. Tú estás ahí, lavándote los dientes, mirando tu reflejo
en el espejo, el pelo alborotado, los ojos entornados por la luz, hinchados por
el reciente divorcio del sueño, la boca superada por la espuma del dentífrico;
cuando recibes el verbo conjugado en pasado, recubierto con una chocolateada
capa de adverbios temporales que lo hacen (al verbo) más empalagoso, de esos
verbos que, al cabo, te provocan acidez o ardor, de los que no terminan de
digerirse bien. En ese instante, pese a la señalada hinchazón, la cual se te ha
extendido por todo el rostro, observas cómo se dibuja una liviana mueca de
desazón en la imagen devuelta por el espejo… No, no es desazón, tampoco
resignación, o decepción… Plantado ante esa desproporcionada masa hinchada, lo
que comienzas a ver es tu careto de imbécil, de redomado gilipollas… Y es
rabia, la mueca de la que has sido testigo ha sido de rabia. Una furia visceral
que te anima a gritar un hijos de la gran puta, un hijos de la grandísima puta
fuerte, alto, potente, puesto que te toman tanto por idiota que no puedes
contemplar otra cosa ante el espejo; y sientes un deseo irrefrenable de golpear
ese careto de soplagaitas, zas, un puñetazo directo al centro de la geta.
Una vivienda digna
Pues, en fin… Parece éste un buen
momento para teclear sobre el tema, vista las variopintas reacciones que en los
interlocutores provoca mi respuesta o mi réplica, cuando lo sacan a relucir.
Quiero decir que, cuando me hablan del derecho a una vivienda digna, siempre
les espeto: «Disculpe, ¿a qué derecho a una vivienda digna se refiere?».
lunes, 2 de marzo de 2020
A mitad del camino
Artículo publicado en Lucenadigital.com:
«A mitad del camino de la vida, / en una selva oscura me encontraba / porque mi ruta había extraviado». Cuando escribo estas líneas, acabo de cumplir cuarenta años y, si todo transcurre naturalmente, parafraseando al poeta italiano, transito por la mitad del camino de mi vida, perdido entre la frondosidad de una selva oscura, huérfano, todavía, de la guía de un Virgilio que me reoriente hacia aquella ruta que una vez extravié, si es que existió aquella ruta...
sábado, 29 de febrero de 2020
La nueve de Tarantino
Artículo publicado en Surdecordoba.com:
En el panorama cinematográfico, a través del cual también se llena de ponzoña el Arte, Quentin Tarantino repugna a muchos cinéfilos, por su tendencia al friquismo voraz, a la verborragia diarreica y extravagante, a la regurgitación de subgéneros y a la sórdida encaladura hemoglobínica; así como por sus devaneos con el asqueroso bicho de Weinstein. Y, probablemente, tengan razón; lo de Weinstein, incluido...
sábado, 15 de febrero de 2020
Después de Halloween
La cenicienta luz del amanecer dominical
empujaba los restos de oscuridad abandonados por la noche. Concluía Halloween
en la ciudad, fiesta importada —otra más—, victoria evidente —otra más— del
colonialismo inglés, que, todavía no suficientemente saciado con la consentida
expansión del idioma, va exportando, con desconcertante éxito, poco a poco, sus
costumbres y tradiciones, las cuales acaban por arraigarse, gracias a la
pérfida sumisión de monaguillos inanes, a quienes les colapsa el cerebro al
olisquear la diversión; hasta el punto de que los estudiantes de primaria
pueden dedicar un mayor número de horas lectivas a preparar la Noche de
Halloween que el Día de la Hispanidad o de la Constitución; porque, claro, la
primera es súper sandunguera, con disfraces, pinturitas y sobredosis de
glucosa; mientras que la segunda conmemora una deshonesta conquista, seguida
por un protervo genocidio; y la tercera, vamos, no deja de ser una norma
moldeable al antojo del político de turno. Hubo promesas en la ciudad de
aglutinar por sus calles en torno a los cuatro centenares de prosélitos,
adictos a la comparsa de reanimación brujesca. Sí pareció preocupante aquella
suerte de homenaje, a modo de macabro o grotesco juego, de la distopía ficticia
en la que, dentro de un periodo de doce horas anuales, todos los crímenes son
lícitos; degenerada ceremonia cuyo desagradable tributo, aun apócrifo o
simulado, revela una idealización sociológica de alarmante catalogación. La
simple propuesta ya se antoja repugnante.
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