sábado, 19 de julio de 2014

Viejas amistades (I) (viejo artículo)

Hace ya muchos años aprendí, como suelen aprenderse estas cosas, que a un amigo no se le puede cambian, ni juzgar. Es admisible la reconvención, el consejo y la discrepancia, por supuesto; pero no más. A partir de ahí, no queda sino apechugar, permanecer a su lado y colaborar, en lo posible, en el desquite. Venga de quien venga. Y de donde venga. A unas malas siempre se dispone la opción del abandono. Aunque, en estos casos, habrá que entender que nunca existió amistad alguna. Que las experiencias tan solo serían apariencias distorsionadas de la realidad. A los amigos hay que aceptarlos tal como llegan, sea por elección, casualidad o suerte —o desgracia—. No vale aquello de que cada palo aguante su vela, y maricón el último, o sea. Lo bueno es que, pasado el tiempo, el alto grado de conocimiento deja al margen la posibilidad del imprevisto. Si bien, todo tiene sus reglas, sus normas. Y, conforme a tales, sus límites y excepciones. Tampoco es cuestión —no vayamos a sacar las cosas de quicio— de llegar al extremo de la niñería y la estupidez.

Simpáticas gilipolleces (viejo artículo)

Se me permitirá en este artículo recopilar un número determinado de creaciones humanas a través de las cuales será de una facilidad pasmosa apreciar hasta dónde es capaz de llegar la tontería, entendiéndose ésta por su alto grado de inutilidad y por el notable desperdicio de ingenio, talento, manufacturación y tiempo. Porque la invención humana, en ocasiones, se ha visto sobrepasada por una gilipollez innata a nuestra especie, que nos ha conducido a confundir la ineficiencia con la creatividad. Aunque, pudiendo ser relegadas sin excesivo riesgo al género de lo prescindible, no por ello dejan de provocar una amable sonrisa. Pero me dejo ya de prolegómenos y paso al listado.

martes, 1 de julio de 2014

La Oficina Pro Cautivos (artículo)

Artículo publicado hoy en lucenadigital.com:

El español de bien no es dado a alabar gestas patrias. Quizá porque, de natural rencoroso y envidioso, se siente incómodo entre algarabías por laureles ajenos. Por eso, quisiera teclear unas palabras en homenaje a una hazaña memorable, en el centenario de la Primera Guerra Mundial, previendo el posible olvido...


 

sábado, 28 de junio de 2014

Nos toman por imbéciles (viejo artículo)

Así es. Señora, caballero. A usted y a mí. Y a nuestro vecino, o vecina —cuidado, no nos olvidemos—, también. Con sus caras sonrientes, informáticamente retocadas. Cada cierto tiempo nos piden el voto, con mucho tacto, respeto y amabilidad. Menuda desfachatez. Este año se dará el caso, repitiéndose el próximo. Y podrá reconocerlos con facilidad. Son los mismos que, por incompetencia, mediocridad u obcecación, por hipocresía, mezquindad o cobardía, no han sabido, no han podido o, simplemente, no han querido evitar una situación de crisis social y económica. Ni gestionarla eficaz y eficientemente, después. Conduciendo a tres generaciones —sin contar las posteriores— a la ruina, la desesperación, la desconfianza y la incredulidad.

Legítima limitación (viejo artículo)

Siempre he tenido la convicción de que las personas elegidas por los ciudadanos —en sufragio universal, libre, directo, igual y secreto— para un cargo en las instituciones del Estado, han de quedar sujetas a la condición de una limitación temporal en el mismo, sin posibilidad de reelección; de semejante modo sus provenientes. Nadie es imprescindible en estos puestos. Y es que, la ausencia de tal límite, convierte en profesión aquello que debiera ser servicio público.

domingo, 15 de junio de 2014

"Sanjorgistas y Aracelitanos" en Garganta sin arena

El proyecto Garganta sin arena de la Asociación Cultural Naufragio publica un fragmento de mi novela Episodios lucentinos I. Sanjorgistas y Aracelitanos. El segundo ya, acompañado de un cuidado montaje, tanto musical como gráfico.
 
 
 
El primer fragmento se publicó hace poco más de un año, con otro excelente montaje.
 
 



lunes, 2 de junio de 2014

De trabajadores asalariados (artículo)

Artículo publicado en lucenadigital.com:

No sería capaz de discernir si el comentario fue producto de ciertas dotes premonitorias, de una reflexión basada en la experiencia, de ser un afortunado receptor de información privilegiada o de echarle mucha caradura. El caso es que, cuando Gerardo Díaz Ferrán lanzó hace un tiempo aquello de que para salir de la crisis había que trabajar más y ganar menos (máxima, por cierto, que presidía su filosofía, pues ya la hizo suya al reconocerse oficialmente la situación de crisis económica en España —hasta el momento nos hallábamos ante una «desaceleración»—, para insistir en ella después), todo el país le recriminó la fea expresión propia de un retrógrado patrono explotador del humilde proletario. Tampoco podría discernir si fue ésta la causa de las críticas a la declaración del, a la sazón, presidente de los empresarios, o si se debió al absurdo recelo del español a la sinceridad, o si habría que rebajarse a la tendencia supersticiosa del hombre modesto...