Y ahora a ver si hay huevos de determinar la intención narrativa del autor. Porque yo, como autor —más o menos— de las líneas, lo tengo bastante claro. En cambio, usted, lector con loables aspiraciones a la omnisciencia, se va a detener, siquiera unos breves segundos, a plantearse el tema. Y a replanteárselo, después. Ronda que te ronda, forzando los engranajes medio astillados del cerebro, medio resecos por el consumo de películas y series a través de las múltiples plataformas, medio torcidos por las memeces lanzadas por muchos (¿o quizá todos?) de los políticos a través de los medios de comunicación, medio oxidados por las barbaridades que circulan por las redes sociales; ronda que te ronda, entonces, imbatible lector, lo primero que se le podría ocurrir es que, encontrándose quien suscribe solito, sin compañía de otro ser en derredor, ante la pantalla fulgurante, las yemas de los dedos percibiendo los bordes de las teclas, se dispondrá a componer la palabra solo, a razón de cuatro golpes sobre el teclado. Aunque, bueno, la lógica, desengrasada ya de la ordinariez diaria, inicia un proceso de duda, pergeñando ramificaciones conclusivas. Pudiera ser no que el menda del tecleo estuviera en modo ermitaño, a la deriva entre la humanidad oceánica, sino que, sobrepasado en sus capacidades intelectuales, le diera a eso de la palabreja a teclear sin requerir ayuda o asistencia alguna, cual campeón de la semántica. Y sin embargo, esto se le antoja, lector precavido, peccata minuta, ramificación endeble, sacrificable, cuando la verdaderamente consolidada es aquella que brota urdida por la incógnita gramatical. Aquella que repara en la cualidad del vocablo como adjetivo o como adverbio. Si el dichoso autor de estas quebradizas líneas se dispone a plasmar la condición adjetival o la adverbial, si será el adjetivo solo o el adverbio solamente.
jueves, 15 de agosto de 2024
Vidas entretejidas
José Manuel Moreno Millán, impenitente justiciero del arte, asiduo parroquiano de la tecla, atípico fagocito de la imprenta, fiel practicante del carboncillo, ofrece ahora al lector, ávido por circunnavegar las estrecheces de los callejones oscuros de las letras, apasionantes y peligrosos, atrayentes y arriesgados, un ejercicio de escenario literario ametrallado de personajes carentes de vocación protagonista, para quienes el aparente azar, la casualidad figurada insuflada por el aliento creativo, deviene en tejedor de vidas que se entrecruzan, golpeadas de dinamismo. Ofrece ahora Moreno Millán una propuesta salvajada de metafísica: la conexión intrínseca de la propia existencia humana. La certeza de una comunión personal en la realidad cotidiana. La inevitabilidad de la interrelación diaria. La demostración de que la presencia del ser no es sino la vinculación con el otro ser, un yo como proyectado en su esencia de especie; que la vida no es sino un mosaico entretejido por hilos invisibles que enlazan sus teselas en una suerte de mural expansivo, entelequia aristotélica de la presencia de la humanidad en el mundo.
jueves, 1 de agosto de 2024
Saga Bond: Sean Connery (y VI)
Artículo publicado en Lucenadigital.com:
En concreto, un millón doscientos cincuenta mil dólares desembolsó United Artists a Sean Connery para que aceptara volver a interpretar al Agente 007 en Diamantes para la eternidad (1971), además de otorgarle facultades de decisión en la producción y el compromiso de posibilitarle dos películas más. El pastizal Connery, como un señor, lo donó a una institución educativa escocesa (ni necesitaba vivir de la actuación, pues había repuntado como empresario, ni tenía ambiciones económicas), las facultades decisorias las ejerció a su gusto, dando el visto bueno cuando lo consideró oportuno, y las dos películas se quedaron en una sola: La ofensa (Sidney Lumet, 1973), producto irregular que adaptó la obra teatral de John Hopkins...
miércoles, 31 de julio de 2024
Me gusta conducir
Artículo publicado en Surdecordoba.com:
En realidad, no me gusta. Siempre me resulta tremendamente aburrido el circular por una carretera con la atención al horizonte a partir de esa estampa que lo segmenta al sur en un gris desangelado y salpicado por un blanco carcomido e intermitente. Tampoco mejora la sensación, cuando ruedo por las calles de la ciudad. Aquí la atención y la concentración se multiplican hasta el extremo: señales, semáforos, vehículos, peatones. A veces, los peatones no ponen demasiado de su parte: abandonan la acera, salen de los edificios sin precaución o se cruzan sin miramiento por la propia vida. Y ahora toca soportar también a los del patinete...
sábado, 13 de julio de 2024
De padres e hijos
A mis padres
No he sido, y, a estas alturas de la vida, creo que nunca seré, muy a mi pesar, padre. Sí soy, y espero serlo durante muchos años, hijo. Como hijos, a veces, no somos conscientes de la responsabilidad y el sacrificio que implica ser padres. No lo somos, al menos, hasta que no tenemos nuestros propios hijos o alcanzamos la edad para ser padres.
"Juego de tronos"
Unos cuatro años después de concluir con la cita semanal, acabo de calzarme de un tirón la serie completa de Juego de tronos, cuya edición en Blu-ray me regaló mi hermano las pasadas Navidades, y he de admitir que, con sus más y sus menos, la he disfrutado mucho. Los setenta y tres episodios (ocho temporadas) me han acompañado durante varias semanas con la satisfacción de un buen libro, por lo atrayente de su narración, lo impactante de su imagen y lo interesante de su trama. Creo que es una de esas series que se saborean y se gozan mejor en bruto y no a pequeñas dosis semanales con sus intervalos de descanso entre temporadas. Si tuviera que elegir una imagen, un fotograma, de entre muchos disponibles, optaría por ese plano del Caballero de la Cebolla en medio del paisaje nevado, junto a los restos de la hoguera y el sol naciente al fondo, al descubrir que la joven Shireen Baratheon ha sido quemada viva. Potentísima.
lunes, 1 de julio de 2024
La película de Estrellita
Artículo publicado en Surdecordoba.com:
Somos amigos desde hace treinta años, cuando éramos unos pipiolos graníticos e introvertidos que poco o nada comprendían del disperso mundo al que solían adherirse los jóvenes de nuestra generación. Extraños en aquella esfera de exacerbada excentricidad que fueron los años noventa, convergimos rápidamente, con un cruce de miradas, en la aturdidora labor de sintonizar la frecuencia exacta de las ondas emitidas por la adolescencia sobrante de hormonas y carente de vivencias...