sábado, 15 de agosto de 2020

Barrios en verano

No soy un nostálgico del pasado. No tiendo a mirar hacia atrás, ni abogar por que cualquier tiempo pasado fue mejor. No suelo perder un minuto en recordar con melancolía mi época infantil o adolescente o de inicio en la madurez. Al contrario que muchos otros, no aflojaría pasta alguna por volver a aquellas fechas de juventud, deficiente de problemas, responsabilidades o preocupaciones. Es curioso el número de personas que lo harían: revivir años pretéritos. Más felices, según ellos. Somos lo que fuimos: un resultado de decisiones y experiencias. Cambiarlas es ya del todo imposible (salvo disponibilidad de un DeLorean tuneado por Emmett «Doc» Brown) y revivirlas una estupidez. El pasado, pasado está, y el presente es su penitencia. O la carga de sus consecuencias. No implica este proemio o liminar reflexivo el reconocimiento de una infancia infeliz. De hecho, no lo fue. Aunque jamás me afilié al partido de la alternancia o sociabilidad (sigo sin estarlo), tampoco lo hice al eremita (a pesar de que suelo tacharme de misántropo); así que, con sus más y sus menos, la infancia fue tan bonita como la juventud, incluso como el umbral de la madurez, y su vestíbulo o soportal: antes y después de la llegada de mi hermano (prácticamente, no recuerdo nada de mi vida sin él, pues la llenó hasta colmarla), mis primos y demás familiares, los compañeros del colegio (amigos todos), a quienes se sumaron con posterioridad los del bachiller y la facultad, los profesores y vecinos, y, por supuesto, mis padres… Sólo es que no volvería a vivir un segundo de mis casi cuarenta años de existencia, quizá por pereza emocional, quizá por lo fantasioso o extravagante de la idea, quizá porque el dolor, martillo que forja nuestro carácter, ha sido, en estos años, más intenso que el deleite.

Relatos con alma

El relato, arte que supera la mera narrativa para elevar palabras que migran hacia los donceles del sentimiento, no es un instrumento de entretenimiento para los niños durante el proemio del sueño o para los adultos durante los momentos de asueto, siquiera un escudo contra los constantes ataques de la mediocridad. El relato es todo esto y mucho más. El relato, en buenas manos, en las manos de un escritor nacido para magnificar la prosa, dotado para labrar la sintaxis, cual orfebre sobre el metal precioso, se puede convertir en un instrumento de denuncia social, en un arma de concienciación, en un medio para despertar del letargo, para devolver la mirada, obscenamente desviada, a una realidad que jamás desapareció; aunque algunos pretendieran convencer de ello, y otros se conformaran con creerlo.

sábado, 1 de agosto de 2020

Olvidar a Garci

Artículo publicado en Lucenadigital.com:

Desconozco, lo he manifestado en alguna que otra ocasión (probablemente, lo haga cada año), cuáles son los criterios que, en ocasiones, adopta la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España para otorgar los Premios Goya. Si es una cuestión de azar, en plan lanzar carátulas al aire y escoger las caídas de cara o sacar el palito más largo, para recibir la estatuilla; si es una cuestión de velado soborno, el cual no tiene que ser necesariamente dinerario, sino abonado en variopinta especie; si es el resultado de una compleja fórmula informática, ejecutada por una máquina escacharrada; si es la patética corrección política, manchada por el borreguismo de masas...

viernes, 31 de julio de 2020

Movilidad exterior

Artículo publicado en Surdecordoba.com:

La puñetera movilidad exterior, colgante desde hace un par de artículos. Aquella infame expresión con la que, hace unos años, la, por entonces, ministra de trabajo salió del paso, con la lucidez de una bombilla desfilamentada, de las críticas ante la marabunta de jóvenes que emigraban, huyendo de la precariedad, los abusos y la falta de oportunidades de un modelo o un mercado laboral incapaz de absorber tanta masa de talento bien formado (¡y con dinero público, oiga!) que recorría, miserable y andrajoso, mendicante, sus frías y nefastas calles, fue una realidad que quedó confusa, como diluida entre los vapores del tiempo. Sin embargo, se mantiene latente, porque los que se fueron continúan allí, y la pérdida del goteo resulta incesante, como el grifo escacharrado de una vivienda abandonada o de unos habitantes cultivados en el abandono...

sábado, 11 de julio de 2020

El número cien

Si no yerro en mis cálculos, las líneas que se dispone a leer, amable lector, conforman mi colaboración número cien con esta casa, y, sinceramente, jamás imaginé que llegaría tan lejos.

Ocho españoles por Alemania

Pese a la identidad de apellidos, no somos parientes, aunque habría asumido con fácil orgullo la consanguinidad, y ninguno de los dos negamos la alta posibilidad de un tronco común lejano, el cual —ya se preocupó él de comprobarlo— emigró de Lucena a la vecina localidad de Cabra.

miércoles, 1 de julio de 2020

Constitucionalidad coronavírica

Artículo publicado en Lucenadigital.com:

Mientras aguardamos la venida del rebrote coronavíco, con mayor o menor ansiedad con la que el creyente aguarda la venida (primera, segunda o tercera) del verdadero mesías, pues resulta a todas luces incompatible con la ínsita naturaleza humana el respetar un par de normas básicas de convivencia (o cualquier norma básica de convivencia), como mantener cierta distancia social o usar mascarilla (aunque en esto de la mascarilla se reconoce que la autoridad competente, o incompetente, ha vaiveneado con chapucera desconfianza), o el controlar la entrada de turistas, porque es imprescindible el chequeo del fajo de billetes, no de la sangre infectada; mientras aguardamos lo previsible, entonces, no estaría de más situar el reciente periodo de emergencia en su contexto constitucional, al tiempo que justifico, con rudimento tangencial, el título que, con barroquísima piezometría en su paternal marco, cuelga por alguna pared, y cubro las líneas mensuales que el derecho consuetudinario, con más pena que gloria, concede a esta casa lucenesa, clausurando, así, la trilogía...