martes, 20 de mayo de 2014

Eterna esperanza (viejo artículo)

Ella me escribió de modo natural, aprovechando una pausa durante su guardia, reconociendo lo difícil que es en ocasiones expresar con palabras emociones y experiencias. Fue un largo texto, de liviana sintaxis, que todavía conservo y del cual echo mano con frecuencia mientras tecleo estas líneas.

Los amos de Europa (viejo artículo)

Pues eso. A ver si nos queda claro de una puñetera vez, que ya va siendo hora. Alemania, Francia y Gran Bretaña son los amos de este viejo continente llamado Europa. Hoy por hoy, al menos. Y desde hace años. Y cuando hablo de amos, lo hago en su sentido más estricto. Son quienes parten y reparten, imponen su ley, ordenan y mandan a una camarilla de países que ha de limitarse a mover la colita —sí, usía; a las órdenes de usía— y bailar al son marcado. Entre ellos, España. Faltaría más. En cuestiones de agachar la cabeza, meter el rabo entre las piernas y besar los pies de nuestro patrón, buen rollito, coleguilla, somos los primeros. Trato más que merecido, sin duda. Ganado a pulso tras veinticinco años de nefasta política exterior. Tiempo durante el cual podíamos haber aprovechado el tirón del reconocimiento internacional otorgado por la Transición para buscar nuestro lugar en Europa y el mundo. En cambio, todo quedó en una sombra. Nuestra credibilidad —fuera cual fuese— se disipó cuando la supuesta unidad se tornó en discrepancias e inconformismos internos. Cuando hemos sido incapaces de sostener entre todos la economía de un país, de coagular la herida sangrante de la emigración o de aprovechar la bonanza para invertir en investigación y desarrollo, en el futuro, en vez de procurar llenarse cada uno su bolsillo lo máximo posible. Ser productivos, eficaces y eficientes.

viernes, 9 de mayo de 2014

Historismo constitucional (IX) (artículo)

Artículo publicado hoy en surdecordoba.com:

Ciertamente, a quien suscribe se le da un ardite el resto de países terráqueos. En lo concerniente a España, pasada la segunda mitad del XIX, todavía se estilaba la costumbre medieval de reservar los más altos cargos políticos a militares de lustre. Como si la cosa gubernativa fuera una incursión, escaramuza o combate, lo cual, aquí, tampoco era ir descaminado; pero ya escribí que la española fue, y sigue siendo, una raza aparte. No era, ni es, cuestión de ingenio castrense o mano dura, sino de que cada palo que aguante su vela, cada perro se lama su cipote, líbrese quien pueda, maricón el último y Dios ya sabrá reconocer a los suyos cuando lleguen. Y la maldita costumbre se prolongó, bien lo sabemos todos, hasta las postrimerías del XX...

viernes, 2 de mayo de 2014

Presente es pasado (Galdós y epílogo) (artículo)

Artículo publicado en lucenadigital.com:


Sea ahora el turno para don Benito:
 
«La turba siempre es valiente en presencia de estos ídolos indefensos, para quienes ha sonado la hora de la caída. Tienen éstos en contra suya la fatalidad de verse abandonados de improviso por los amigos tibios, por los servidores asalariados, y hasta por los que todo lo deben al infeliz que cae; de modo que a las manos de odio, justo o injusto, se unen, para rematar la víctima, las manos de la ingratitud, el más canalla de todos los vicios»...
 

domingo, 27 de abril de 2014

"El guardián entre el centeno" (reflexión literaria)


El lector ilustrado que se aproxime por primera vez, el ánimo rebosante de honradez, a la obra más conocida y reconocida de JD Salinger, El guardián entre el centeno, se llevará una sorpresa. Que ésta sea grata o ingrata va a depender de cómo se lo tome cada uno. En todo caso, su lectura no será, ni mucho menos, la esperada. Desde las primeras líneas. Quien presuma una narración densa, una prosa cuidada y una sintaxis compleja; quien no vea llegado el momento de recrearse en la excelencia literaria, en empaparse de las virtudes del arte, en asistir a una clase magistral que siente cátedra, posiblemente quede decepcionado.

La tierra (inter)media (viejo artículo)


En ocasiones el título me lo dejan a huevo. El caso es que ya estábamos todos preocupados por aquí, pero podemos al fin respirar tranquilos. Uno, dos. Uno, dos. Inspirar, expirar. Inspirar, expirar. Pensábamos que nos quedábamos sin nuestra asignación de los Fondos de Cohesión y cundió el pánico, claro. La ansiedad se apoderó de nosotros, descontrolando a todo el personal, falto de respuesta ante el considerable percance. Ya sabíamos que eso de la ampliación europea no podía traer nada bueno. Qué se habrán creído esos países del este. No tienen dónde caerse muertos, con su política corrupta, su industria obsoleta y su agricultura subdesarrollada, y, con indigno descaro, persiguen la integración a este carnaval llamado Unión Europea no por el espíritu de afrontar con una sola voz los retos político-jurídicos y socio-económicos presentes y futuros, base de los valores históricos inspiradores de la unión en el viejo continente, mucho cuidado, sino por el falaz deseo de meter la mano en las generosas arcas europeas. Menuda desvergüenza. Como si no tuviésemos bastante con los sablazos provocados por el sueldo de los eurodiputados.

El espectador cómplice (viejo artículo)


Formo parte del selecto y cada vez más reducido cero coma cero dos por ciento de españoles que no ven los documentales de La 2. Ni siquiera para dormir la siesta. No porque dude de sus facultades soporíferas, sino porque apenas veo la televisión. Ya, con algunos informativos, tengo mi dosis diaria de tontería humana, manteniendo mi mala leche en unos niveles aceptables. Le juro que lo he intentado, varias veces. He intentado asumir su tolerancia, pues me aseguraron que su consumo habitual garantizaba un estado de placer perpetuo mediante el adormecimiento del cerebro racional. Me hablaron de un subidón, de viajes a mundos desconocidos, a vidas inalcanzables; me hablaron de quedar deslumbrado por espectáculos maravillosos, de conocer pícaros multimillonarios y vendedores de sueños imposibles.